Primeras nieves en Madrid. Si el otoño no te quiere dejar… Parece que hiciera mil vidas de mis primeras entradas en este blog. Hojas secas que al pisar…Yo, que durante la mayor parte de mi vida pensé que solo quedaba una gran pendiente cuesta abajo, un descenso lento y absurdo como el de esos copos hasta disolverse silenciosamente en la acera, que me creía más sabia y más lúcida que nadie, que era total y completamente imposible, que el mundo no escondía esa piedra preciosa en su puño cerrado, no para mí, no para los que somos como yo. Y resulta que tenías razón, incluso a pesar de ese insistente auto-boicot mío, de los muros, de las huídas, de mi incomprensión del mundo, de la colección de miedos que arrastraba sobre mis treinta desconfiados años de pájaro mojado. Estabas en lo cierto a pesar de mi infranqueable escepticismo existencial: lo mejor estaba por llegar.
Se acerca el invierno. Otro. Y el camino se hizo largo, mucho, pero me doy cuenta de que cada vez pesa menos al mirar atrás. Y sigo percibiendo la luz al mirar alrededor más de tres años después. Y los copos caían ayer lentamente tras la ventana siguiendo ese baile precioso. Sinceramente y diciéndolo claro, nunca pensé que me escucharía a mí misma decir que la vida merece la pena. Y ahora hay días en los que me entran ganas de llorar de la emoción al pensarlo, en los que aún me cuesta creer que sea posible sentirme tan feliz.
Gracias por no soltarme la mano.
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